Y vale la pena volver, vale la pena abrir de nuevo los ojos. Poder ver esa mirada intimidante que llena la mía de infinito cariño, que llena de risas mis días, que hace que yo le sonría. Lo logró, entró, llegó y ahora espero que su estadía sea eterna mientras dure. Y que dure lo necesario, lo justo y preciso.
Qué ganas tan lindas de escribir y llenar de letras un espacio en blanco, llenar de nombres la palabra "Mi" y solo él comprende lo que hoy escribo. María le da gracias infinitas a la vida por llegar a su vida, le da gracias por el poco tiempo que ha permanecido y por las ganas increíbles que tiene de estar y ser, mucho tiempo más. Gracias por los pocos cigarrillos pisados y los muchos dulces reprochados, las cervezas compartidas como si fuesen jugo de mora, los regaños provocados, las preocupaciones causadas sin intención, los "perdón" siempre tan sinceros, los dolores acompañados, las angustias compartidas, las energías de luz, las peleas intensas, los besos aún más intensos y los abrazos eternos.
Que sean quince minutos, quince horas, quince días, quince meses, quince años, quince siglos... quince eternidades que la vida quiera que yo permanezca entregando quince almas, quince corazones, quince besos, quince abrazos, quince maneras de pensar. Que sean quince las veces que se piense dejar, alejar e ir.
Que sean quince veces quince.
Quince veces gracias.
Quince elefantes se balancean leyendo quince veces esta manera de volver.