Era un día de
marzo, sí… marzo: mi peor mes del año, cuando me enteré que Zoé vendría a
Bogotá por su gira del Programatón. Tenía que hablar del tema con alguien que
amara tanto a esta banda como yo: Camila, que me dijo “¡Me muero, tenemos que
ir Mariale!”. Ese día dijimos que haríamos lo que fuera por ir. Desde ahí
duramos 4 meses mirando todos los días en la página oficial de la banda a la
espera de la venta de las boletas. JULIO: Llegó el gran día: Tu boleta anunció
oficialmente la preventa de las boletas para Zoé – Programaton 2014. Tuvimos
que endeudarnos para comprar las boletas rápidamente antes de que nos salieran
más costosas. Dos días después Camila salió emocionada a comprar la suya y
descubrió que no había PLATINO, estuvo a punto de no comprarlas, pero me llamó
y yo le dije “Así sea general, vamos”. La compró y una semana después, yo
compré la mía. PASARON DOS MESES en los que tuvimos parciales, trabajos,
exposiciones y mil cosas de la universidad que preparamos al ritmo de nuestra
banda favorita, estábamos muy felices. Llegó SEPTIEMBRE: Conteo regresivo, nos
encargamos de que todo el mundo se enterara de que estaríamos a pocos metros de
nuestro amor platónico: León Larregui, sí: el de las dos. Fastidiamos a dos
amigas que no podrían ir, Camila convenció a un amigo para que fuera cuando
faltaban pocas semanas para el concierto, adelanté trabajos el fin de semana
anterior para no hacer nada ese día y solo preocuparme por irme a hacer la fila
para tener un buen lugar. Y apareció la semana del 8 de septiembre, una semana
estresante y acelerada: me robaron, tuve ensayo a último minuto, monté una obra
nueva para pasarla a una convocatoria de un festival, muchísimos trabajos de la
universidad, fui a terapia, trabajé, leí, me aprendí de memoria el monólogo de
Segismundo de La vida es Sueño, me pagaron, vendí gomitas; en pocas palabras:
solo quería que llegara el MIÉRCOLES 18 DE SEPTIEMBRE para arrullar estrellas y
tener una noche hermosa llena de calma y armonía. El martes de esa semana me
sentía muy relajada y generalmente mis semanas no son así, siempre tienen algo
de acelere de último momento. Sin embargo, aproveché para dormir. Me despertó
el director de mi grupo de teatro que me informó que debíamos ensayar la obra
de teatro que habíamos montado pues había sido elegida para hacer parte del
festival. Recuerdo que me dijo “Mañana hay ensayo de 6 a 9pm y es inamovible” a
lo que yo respondí: “Jueputa, yo mañana tengo el concierto de Zoé”. Tal vez su
cariño hacia mí y los esfuerzos que hice para adquirir esa boleta, lo hicieron
decidir: “Está bien, ensayamos de 2 a 4”. MIÉRCOLES: A las 5 de la mañana,
Camila y yo estábamos saludándonos por whatsapp diciendo: “¡Es hoy!”, nos levantamos
con una sonrisa gigante en la cara, incomparable, insuperable y única. Nos
mostramos la pinta que llevaríamos al concierto, guardamos la boleta y salimos
a la universidad, tuvimos clase pero ninguna de las dos podía concentrarse,
solo contábamos las horas que quedaban para tener a León Papasito Larregui cerca,
fuimos a almorzar cerca, comenzó a llover, el día estaba muy triste, terminamos
y yo tuve que irme a ensayar, ella se adelantó con nuestro otro compañero:
Edson, a hacer fila desde temprano y adquirir un buen puesto. Me mojé un poco,
llegué al ensayo y a las 4 en punto salí, llamé a Camila y me dijo que no había
afán, no había tanta gente así que era mejor que tomara un bus. Así fue y media
hora después, estaba de pie al frente del Palacio de los Deportes con ellos
haciendo fila mientras escuchábamos a Superlitio que hacía prueba de sonido
cantando ‘Viernes otra vez’. A mi lado se puso de pie una señora que vendía
mazorcas, a lo que pensé: “La odio”, le compré una y comimos, Camila y yo
estábamos aburridas y sentadas en el pasto así que nos comimos un De Todito,
sí… volvimos a comer. El tiempo pasaba y pasaba, a eso de las 5 y media de la
tarde el atardecer llenó el cielo de un color hermoso y lo teníamos justo al
frente, todos lo admiraban. Edson sacó la cámara y le tomó muchas fotos, yo
saqué mi celular e hice lo mismo pues era un regalo que tenía que hacer antes
de que se escondiera. A las seis de la tarde le dieron entrada al público,
entramos, nos entregaron unas escarapelas y salimos corriendo a hacer la fila,
nos quejamos de lo larga que estaba cuando “¿Marica qué hacen acá? Esta es
platino, general es al otro lado”. Edson y yo corrimos y cuando por fin
logramos entrar, nos sentamos en las gradas justo al frente del escenario donde
nada nos impediría ver a Zoé. Esperamos dos horas, hablamos, reímos, bajamos al
baño, buscamos una toma de corriente para cargar los celulares que, a
propósito, nunca encontramos. 8pm: empieza a tocar Superlitio, nos emocionamos
pero no era lo mismo. Edson estaba emocionado cantando todas las canciones
mientras Camila y yo gritábamos “¡Canten TE LASTIMÉ!” y así pasó una hora y
media más. Llegaron los 15 minutos más largos de mi vida, esos que pasaban justo
antes de que saliera León y su banda, yo temblaba, sentía la misma sensación de
nervios que siento cuando estoy en alguna obra de teatro, comenzó el ataque de
ansiedad, la risa, el miedo, el afán. Las luces se apagaron y salieron, cuando
lo vimos no pudimos evitar que una lágrima saliera de nuestros ojos y yo
pensaba: Jueputa, qué emoción, estoy muy feliz. Comenzaron a cantar y entonces
esas dos horas que siguieron se convirtieron en unas de las más lindas que he
vivido hasta ahora, las canciones que cantaban eran del último disco. Las luces
eran increíbles, el sonido era perfecto, la voz de Larregui era hermosa, la
energía del público era la mejor. De pronto, comenzaron a sonar más canciones
viejas, la primera fue “Nada”, los recuerdos me invadieron, me llenaron de
nostalgia y terminé llorando y cantando a grito herido. Nosotros nos íbamos
emocionando cada vez más porque cantaba las clásicas, las buenas, las que
ninguno de los tres esperábamos como “Paula” cuando sacó su guitarra y cantó
esa dulce versión acústica, luego cantó la principal del Programatón: Arrullo
de estrellas… la banda terminó de cantar, se despidieron y salieron. La gente
comenzó a gritar: ¡Olé, olé, olé, olé… Zoé, Zoé! Y los hicimos volver, entró
León con un cigarrillo en la mano y una ruana puesta, una bandera de Colombia
que decía ZOÉ y estaba muy emocionado, bailaba de una manera muy llevada y
nosotras solo decíamos: “Es perfecto, míralo, es divino”. Yo grité: “LEÓN DAME
TU LARREGUI”. Cantó otras clásicas: Soñé, Luna, Miel, Labios rotos, Poli y
finalizó con una gran canción: Love. Lágrimas de nuevo. Se despidieron y
salieron, ninguno decía nada: todos mirábamos hacia el frente, teníamos un dolor
de garganta terrible, nos quedamos en shock, yo abracé a mis dos amigos, estaba
feliz de haber compartido esa experiencia tan linda y tan única con ellos,
definitivamente eran muy buena compañía para cualquier concierto, pensaba que
había valido por completo el esfuerzo que hice para comprar la boleta, no me
sentía cansada, no tenía hambre, ni sueño, estaba muy feliz. Miré la hora:
11:30pm, sin duda era la hora perfecta para haber terminado de arrullar
estrellas.
domingo, 21 de septiembre de 2014
miércoles, 17 de septiembre de 2014
Ya era tiempo de escribir
En medio de tanta guerra, tanta tristeza, tantos tragos amargos que este país me ha hecho sentir ya era tiempo de escribir... Me quiero liberar de cada dolor que he sentido hasta ahora y lo cierto es que la felicidad ha prevalecido en mis hombros hasta el día de hoy y lo digo estando segura de que permanecerá por mucho tiempo más. La esperanza de que algún día recuperaré a ese amigo que cambió y nunca volverá a ser el de antes me sigue pesando mucho, especialmente en mi hombro derecho, la tensión que siento por él es absurdamente insoportable, la manera en que lo extraño es increíblemente roja... sí, roja: una mezcla entre ira y amor. Pero ese ahora no es el punto importante o al menos en esta entrada tan personal no quiero tocarlo más...Lo más lindo del mundo es que esta esperanza que está medio escondida entre mi espalda y mi pecho me enseña todos los días a confiar, a observar, a entender, a experimentar. ¡Y qué linda experiencia! pues lo mucho que lo extraño me demuestra lo mucho que lo espero. Y la felicidad, aunque él no esté, es permanente. ¡BOOM! Otro descubrimiento: Para aprender a ser feliz con alguien, debes aprender a ser feliz solo. Así la felicidad con otra persona es cuestión de elección, de dulce elección y no de necesidad, PUTA NECESIDAD. Así es la vida, se trata de caer y levantarse... mil veces, pero solo. Aprender a levantarse solo, así como caes solo, te levantas solo, aprendes a caminar solo, mueres solo, amas solo, te tientas solo. Y de eso se trata: De elegir completamente solo. Y si tu elección es ser feliz, lo serás. Luego te darás cuenta que en cada paso que das, mirarás a tu alrededor y elegirás a quién contemplar, qué mano tocar, que boca besar, qué cuerpo abrazar, qué ojos sonreír. Hoy quiero decir GRACIAS. GRACIAS a la vida porque en el momento preciso me dio la oportunidad de elegir ser feliz, de elegir a la alegría como mi NECESIDAD y de elegir al amor como la compañía eterna y satisfacción, placer, besos, helados y mucho arte. Porque me dio esta bendita adicción a escribir y porque en cada viento que de mi boca sale mientras escribo, se va un suspirito, un suspirito de vida que llega hasta tus ojos y te llena de emoción, contemplación, nostalgia y de amor... mucho, mucho amor.
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