miércoles, 23 de abril de 2014

FELICIDAD

FELICIDAD, palabra de 9 letras, en mi vida escrita con mayúsculas. Y en este escrito también. Una gran parte de mi vida, algo más que un sentimiento y un estado emocional. Sentirla, vivirla, pensarla, tenerla, lograrla, regalarla. Felicidad, palabra que en mis fotos, se representa con una gran sonrisa. Felicidad, palabra que en mis amigos la encuentro todos los días, en sus ojos, en su sonrisa, en sus chistes, en sus abrazos. FELICIDAD, palabra que todos los días encuentro en mi balcón, en mi cama, en mi celular o en facebook. Felicidad, palabra de distintos significados para cada uno de ustedes o para mí. Felicidad, sentimiento de gratitud y tranquilidad… es eso: PAZ. Felicidad, eso que tú me haces sentir cuando tocas guitarra. Felicidad, esas mariposas en la panza que siento al verte. Felicidad, encontrada por fin, después de mucho buscarla. Felicidad, obtenida después de mucho esfuerzo y aprendiendo de cada error. Felicidad, sensación de sonreír al abrazar a mi mejor amigo. Felicidad, ganas de besar a la persona tan amada. Felicidad, necesidad de recuperar amistades, amores, pasiones, conversaciones o cervezas. Felicidad, palabra de nueve letras con la que intento recordar momentos, cartas, besos, abrazos, amistades, amor. Felicidad, palabra con la que intento borrar chismes, personas hipócritas, decepciones.
Felicidad, sensación de tranquilidad y paz que siento al escribir esto. Sensación de gratitud a la vida, por regalarme personas como ustedes. Eso es la felicidad, es mi felicidad.

La cosa más loca que me pudo pasar fue eso de querer actuar



Siempre quise ser distinta a los demás, y creo que lo logré. Recuerdo que a los doce años no solía jugar con mis barbies, me encantaba ponerlas en mi habitación solo de adorno, yo jugaba a repetir y repetir cualquier texto que encontrara una y otra vez, desde chiquita siempre jugando a eso: a ser actriz. Solo que el jueguito nada que se acaba, tengo 16 años y aún así es mi juego favorito.

Recuerdo con mucho amor, humildad y un poco de pena, el primer papel que tuve que hacer en una obra de teatro, por mi falta de conocimiento en ese momento. Fue mi primer juego escénico frente a muchas personas que no conocía y quise seguir jugando. A los trece años, no jugaba a tener novio, jugaba a crear muchas coreografías y bailarlas en cualquier parte frente a cualquier persona. A los catorce años, seguía y seguía jugando, no me interesaba ir a los cumpleaños de mis amigos, más me interesaba lograr aprender el abecedario fonético, que me costó muchísimo. A los quince años, pasaron tantas cosas en mi vida, nunca imaginadas pero muy bien recibidas.

El arte definitivamente me ha enseñado que leer un libro, no es lo mismo que sentirlo, escribir una nota no es lo mismo que contar una historia, representar una obra clásica es admirarla, amarla, comprenderla y sostenerla. Me ha enseñado que la poesía no necesariamente tiene que tener rima, y que el poema es el mejor idioma del amor.

Si amas el arte: permitir que entre a tu vida será tu decisión, comprender sus bellas líneas será tu decisión, leer la mirada de la persona que amas sería una gran opción, cantar una canción será un gran alivio, escribir tus sentimientos en una noche de luna se convertirá en una de tus grandes pasiones, entender los mensajes ocultos del cine será tu gran sorpresa, darte cuenta de cómo madura la gente a tu alrededor será tu gran ilusión, admirar a un gran pintor será tu alucinación, la caricatura será tu gran adoración, ver cigarrillos será tu maldición, y sobre todo, comenzar a ver el mundo con otra mirada pero con los mismos ojos será por siempre tu bendición.

Lo que más amo de eso de actuar, es que no solo me llena de completa felicidad y muchas otras emociones, sino que consigo trajo personajes inolvidables, momentos inigualables, personas irremplazables, pulseras baratas. Me llenó de libros de amor, historias mágicas, canciones perfectas, sueños que nunca imaginarías, personas indeseables, amores no esperados pero aún comprendidos y anhelados, sonrisas bellas, lágrimas horrendas. Y finalmente, lo más importante me regaló lazos fuertes y amistades perfectas y concretas.

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Lo que abril se llevó...

Sin duda abril no es un mes cualquiera, es distinto a los demás. Abril me quitó a mi persona favorita en todo el mundo, y hoy, casi dos años después se lleva a Gabriel García Márquez, el genio colombiano, el más duro, el más teso, el más "pepa". El creador del realismo mágico, ese que nos llevó a conocer el dulce sabor de escribir, leer, gozar, interpretar, transmitir, comunicar, aprender. Muchos, le debemos a él estudiar Periodismo, Literatura, Arte y muchas otras cosas más. Ese escritor que se ganó el Nobel, el favorito de mi papá, su mismo apellido, su mismo amor al arte y que se parece mucho a él.
Yo, a "Gabo" le debo el hecho de seguir pensando que el periodismo sí es la mejor profesión del mundo aunque me enloquezca hacerlo. Su manera de escribir era tan mágica que un día muy inesperado creó en mí el gozo de abrir un libro cuando estaba pensando en estudiar actuación hace mucho tiempo y quedarme idiotizada leyéndolo, dándome cuenta que su primer fragmento me atrapó:
"Antes del tercer llamado, aún con el telón bajo y encendidas las luces de la sala, se oye en el fondo del escenario el estropicio de una vajilla que está siendo despedazada contra el suelo. No es una destrucción caótica, sino más bien sistemática y en cierto modo jubilosa, pero no hay duda de que el motivo es una rabio inconsolable. Al terminar los estragos se alza el telón en el escenario oscuro".
Gracias por generar en mí tantas emociones, por enseñarme cómo escribir teatro, por crear en mi mente imágenes claras sobre un escenario, por describir el periodismo de la manera más clara y perfecta. Por llevarme a conocer el realismo mágico del que tanto hablaban mi papá y mi hermana. Gracias porque nunca me aburrí al leer un libro suyo (aunque confieso que no los he leído todos), gracias por ser colombiano, por ser de Aracataca, por ser costeño.
Gracias infinitas no por morir, sino por RENACER Y PERMANECER A TRAVÉS DE SUS MÁGICAS LETRAS.

De La Veritá entre otras adicciones

En el reciente marco del XIV Festival Iberoamericano de Teatro tuve la grandiosa oportunidad de asistir al teatro Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá para ver uno de los mejores espectáculos que he podido presenciar hasta ahora: La veritá. Un show surrealista en el que todo puede ocurrir y cuyo personaje principal es un telón pintado por mi artista ídolo: Salvador Dalí.
Cuando me enteré de que esta obra que viene de un gripo de Suiza, estaría en Colombia, no dudé ni un momento en asistir. Me preocupé desde el principio por ahorrar lo que más pudiera, aunque al final mi papá me completó para la boleta, y le mandé a mi mejor amigo el trailer para que fuera conmigo. Creo que jodí, jodí y jodí tanto con el tema que tenía cansado a más de uno de mis amigos, pero al final todo valió la pena. Compré las boletas con él muchos días antes para asegurarnos de conseguir muy buenos lugares. La función sería el sábado 19 de abril a las 8:30pm.
La emoción que tuve todas las semanas antes a ese día no fueron nada en comparación con la cantidad de emociones que este espectáculo me hizo sentir. Es muy complicado que un artista tenga el poder absoluto sobre las emociones del público, y hoy mis emociones estuvieron en una bola de cristal sobre sus manos y a vista de todos los que estaban sentados a mi alrededor. El show comenzó y me iba llenando, poco a poco iba comprendiendo el trasfondo de cada escena. Todas fueron representadas de una manera muy surrealista, unos artistas impecables que a través de la acrobacia, telas, un violín, un piano, malabares, máscaras, comedia, vestuario, un toro, cabezas de rinocerontes, aros, patines, entre otros; lograron llenarme de nostalgia, alegría, compasión, tristeza, emoción, miedo y VERDAD. No puedo explicar lo que sentí al ver a más de cuatro personajes sobre el escenario siendo Salvador, cada uno a su manera.
Poco a poco, mientras cada escena pasaba iba entendiendo qué significaba cada una de ellas, que querían transmitir, qué me querían mostrar. A medida que avanzaba, estaba mucho más metida en un mundo de hormigas y de lluvia que trataba de comprender desde la perspectiva de Dalí mientras veía cómo bajaba el telón una y otra vez. La verdad, al principio solo pensaba en dos cosas: la primera, no podía creer que estaba a pocos metros de una grandiosa obra de arte que había realizado uno de mis grandes ídolos; y la segunda un hombre alto, de cabello rubio y ojos claros que me enamoró cuando entraba al teatro y me di cuenta que era uno de los protagonistas del show. Eso me enamoró aún más. Cada artista mostró su propia manera de ser en aquel mundo extraño, en el que muchas veces nadie entendía nada, pero en el que La veritá era absolutamente única y distinta.  Tal fue la emoción, el agradecimiento y la pasión que el público  sintió que mi mejor amigo y yo fuimos los primeros en levantarnos a aplaudir, y fuimos los últimos en salir porque nos quedamos con 20 personas más tomando fotografías y analizando el telón. Quedamos en shock, solamente teníamos una sonrisa inexplicable en la cara y muchas preguntas más en la cabeza.
Hoy, este espectáculo se merece más que mil aplausos, se merece ser reconocido mundialmente como una obra hecha para Salvador Dalí, para sus miedos, sus pinturas, sus amores, sus tristezas, sus gozos, sus alegrías, sus talentos... porque para mí, La veritá es única, inigualable, es mía, es una nueva adicción igual que los caramelos de menta.


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