martes, 10 de junio de 2014

PUTO MIEDO A LA SOLEDAD

Después de varias noches de sueños extraordinarios, decidí escribir otra vez. Han sido noches llenas de melancolía y nostalgia, sonrisas que aparecen después de unas cuantas lágrimas, relojes que se han llenado de reflexión y días de soledad pura y estresante. “No te acostumbres a nada y así nada te hará falta”. TARDE. Me acostumbro a las cosas enormes, tan enormes que no se olvidan y que son invisibles para todos los demás. Lo cierto es que no he logrado acostumbrarme a la soledad, me acostumbro a comer un Piazza de chocolate todos los días, me acostumbro a abrazar a mis amigos cada viernes, me acostumbro a una Poker de vez en cuando, me acostumbro al olor del cigarrillo en mi cabello después de una noche de fiesta, me acostumbro a leer todos los días sin parar... ¿y el tiempo que me queda sola? ¿qué hago? ¿salgo a caminar, me pongo a correr, hago abdominales? El desespero comienza y en vez de hacer cosas que favorecen mi salud mental comienzo a divagar, a soñar, a pensar. Soñar no está mal… el problema es que pasan los días, las semanas, los meses y sigo soñando con lo mismo, la misma situación, la misma ropa, la misma persona, el mismo lugar. Es tal el estrés, que me despierto llorando rogándole al universo que no me permita soñar más. De pronto aparece una lucecita por allá al fondo de mi camino que me ilumina, me llama mucho la atención, me encanta, entonces salgo corriendo, al encontrarla me siento favorecida y decido buscarla todo el tiempo, todas las horas, todos los días. Y me siento extraña cuando ya no está. Pero me encanta tanto, que en menos de nada, ya me da igual que esté ahí o no, dejo de valorarla, de quererla, de encenderla, de desearla. Y la luz comienza a perseguirme, así que vuelvo a rogar al universo que me aleje a esa luz que ahora solo me fastidia, y me dé el bendito regalo de la soledad. Soledad que no sé manejar, no sé controlar, no sé vivir, no sé comprender. Todo por soñar lo mismo desde hace tanto tiempo, por querer lo mismo, por pensar en lo mismo, por anhelar lo mismo, por acostumbrarme a lo mismo, por el temor, por la falta que me hace, por lo mucho que se extraña, por lo mucho que se lee, por lo mucho que se baila, por lo poco que se trabaja, por lo exigente que ahora soy, por lo nuevo que quiero conocer, por la comprensión que se necesita, por las puñaladas en la espalda que me siguen pesando, por las heridas nuevas que aún no han cicatrizado. PUTO MIEDO A LA SOLEDAD. 

Pero no todo es malo, la soledad tenía que traer algo lindo a mi vida, una compañía fiel, ya me acostumbré a ella, es una compañía intermitente que Dios puso en mi camino, que siente lo mismo que yo, que sueña distinto pero su desespero, al igual que el mío, son los pequeños momentos de soledad que son eternos, para esta compañía también he decidido escribir esto, porque le agradezco los golpes que no ha permitido que sean tan fuertes, le agradezco infinitamente la sinceridad de siempre que nadie más ha podido tener conmigo, la comprensión y los buenos deseos y la linda energía que me transmite, las noches que me ha escuchado y las tardes enteras no tan buenas que me ha soportado. 
Porque sí, hemos sido una compañía fiel y risueña, llena de energía universal de luz y armonía, aunque nos hemos acostumbrado a los días llenos de nostalgia, melancolía, decepción y tristeza, de incomprensión, pánico… pero sobre todo de soledad.

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