domingo, 28 de diciembre de 2014

Adiós 2014

Cada año tiene una satisfacción distinta, mi deseo para este año era una... que no logré, pero tan deseada.... cuyas razones aún no entiendo. Este 2014 fue el año más trabajador que he tenido hasta ahora, el más llorado y el más muerto de la risa. Conocí personas increíbles que me apoyaron, me llenaron y me hicieron pasar momentos inolvidables. Pasé la mitad del año sonriéndole a alguien... fui a teatro, y a diferencia del año pasado fui a cine, solo dos veces y por su elección....bailé mucho y comí helado de tres leches. Entregué regalos de cumpleaños que nunca me imaginé dar, fui sola a teatro por una única razón, me gocé el Festival Iberoamericano de Teatro como nunca antes, fui feliz yendo a ver La Veritá, lloré de felicidad arrullando estrellas con Zoé, tuve amistades que resultaron no serlo y lloré mucho por eso, cambié, crecí (aunque no de estatura), estuve en muchas entrevistas de trabajo, me insultaron en las puertas de un grado, varios "hombres" me mintieron para conseguir algo que al final, no consiguieron, fui testigo de dos hombres "peleándose" por mí, leí muchos libros, fui a la noche en blanco, fui a cuenteros, pasé noches en vela leyendo, aprendí a editar (aunque sigo en el proceso), canté, hice teatro, lloré de la risa, lloré de tristeza, me hice tía y ahora soy la más feliz del mundo, conocí personas lindas que me acompañan y permanecen, valoré cosas que antes no valoré, compartí mucho con mi familia, viajé, me arrepentí de errores, me emborraché, me enfermé, me jodí un dedo, me inyectaron, fui a urgencias, perdí tres kilos, los recuperé, perdí dos, cumplí 20 años, recibí sorpresas, nunca olvidé las fechas importantes... Muchas personas cercanas se fueron, me dejaron, murieron, otras estuvieron en riesgo y las demás... ya no están.
GRACIAS A LA VIDA, QUE ME HA DADO TANTO. QUE ME REGALÓ ESTE AÑO, que pensé sería difícil y complicado y no me equivoqué. Gracias a Dios por no abandonarme y llenarme de paz y armonía, por llegar a mí a través de dulces ángeles que puso en mi camino que me hicieron sonreír, llorar, querer, disfrutar, bailar, actuar, besar, abrazar...

Me quedo con los buenos momentos, las buenas noches, las soleadas tardes, las eternas mañanas, las ricas madrugadas, las personas más lindas de mi mundo, las ciclovías, los paseos, las obras de teatro, las dos películas en cine, la compañía eterna de mis amigos y sus NUNCA decepciones. Me quedo con haber aprendido a soltar, a dejar ir lo que se quiere ir, y a comprender que cada cosa cumple su ciclo en mi vida. Me quedo con las grandes noticias de los dos últimos meses, los méritos y logros alcanzados, las cartas y fotos lindas, las risas encontradas y la felicidad eterna.

Gracias 2014, feliz año de aprendizaje, dulzura, amor, amistad y alegrías.

domingo, 21 de septiembre de 2014

La mejor noche para arrullar estrellas



Era un día de marzo, sí… marzo: mi peor mes del año, cuando me enteré que Zoé vendría a Bogotá por su gira del Programatón. Tenía que hablar del tema con alguien que amara tanto a esta banda como yo: Camila, que me dijo “¡Me muero, tenemos que ir Mariale!”. Ese día dijimos que haríamos lo que fuera por ir. Desde ahí duramos 4 meses mirando todos los días en la página oficial de la banda a la espera de la venta de las boletas. JULIO: Llegó el gran día: Tu boleta anunció oficialmente la preventa de las boletas para Zoé – Programaton 2014. Tuvimos que endeudarnos para comprar las boletas rápidamente antes de que nos salieran más costosas. Dos días después Camila salió emocionada a comprar la suya y descubrió que no había PLATINO, estuvo a punto de no comprarlas, pero me llamó y yo le dije “Así sea general, vamos”. La compró y una semana después, yo compré la mía. PASARON DOS MESES en los que tuvimos parciales, trabajos, exposiciones y mil cosas de la universidad que preparamos al ritmo de nuestra banda favorita, estábamos muy felices. Llegó SEPTIEMBRE: Conteo regresivo, nos encargamos de que todo el mundo se enterara de que estaríamos a pocos metros de nuestro amor platónico: León Larregui, sí: el de las dos. Fastidiamos a dos amigas que no podrían ir, Camila convenció a un amigo para que fuera cuando faltaban pocas semanas para el concierto, adelanté trabajos el fin de semana anterior para no hacer nada ese día y solo preocuparme por irme a hacer la fila para tener un buen lugar. Y apareció la semana del 8 de septiembre, una semana estresante y acelerada: me robaron, tuve ensayo a último minuto, monté una obra nueva para pasarla a una convocatoria de un festival, muchísimos trabajos de la universidad, fui a terapia, trabajé, leí, me aprendí de memoria el monólogo de Segismundo de La vida es Sueño, me pagaron, vendí gomitas; en pocas palabras: solo quería que llegara el MIÉRCOLES 18 DE SEPTIEMBRE para arrullar estrellas y tener una noche hermosa llena de calma y armonía. El martes de esa semana me sentía muy relajada y generalmente mis semanas no son así, siempre tienen algo de acelere de último momento. Sin embargo, aproveché para dormir. Me despertó el director de mi grupo de teatro que me informó que debíamos ensayar la obra de teatro que habíamos montado pues había sido elegida para hacer parte del festival. Recuerdo que me dijo “Mañana hay ensayo de 6 a 9pm y es inamovible” a lo que yo respondí: “Jueputa, yo mañana tengo el concierto de Zoé”. Tal vez su cariño hacia mí y los esfuerzos que hice para adquirir esa boleta, lo hicieron decidir: “Está bien, ensayamos de 2 a 4”. MIÉRCOLES: A las 5 de la mañana, Camila y yo estábamos saludándonos por whatsapp diciendo: “¡Es hoy!”, nos levantamos con una sonrisa gigante en la cara, incomparable, insuperable y única. Nos mostramos la pinta que llevaríamos al concierto, guardamos la boleta y salimos a la universidad, tuvimos clase pero ninguna de las dos podía concentrarse, solo contábamos las horas que quedaban para tener a León Papasito Larregui cerca, fuimos a almorzar cerca, comenzó a llover, el día estaba muy triste, terminamos y yo tuve que irme a ensayar, ella se adelantó con nuestro otro compañero: Edson, a hacer fila desde temprano y adquirir un buen puesto. Me mojé un poco, llegué al ensayo y a las 4 en punto salí, llamé a Camila y me dijo que no había afán, no había tanta gente así que era mejor que tomara un bus. Así fue y media hora después, estaba de pie al frente del Palacio de los Deportes con ellos haciendo fila mientras escuchábamos a Superlitio que hacía prueba de sonido cantando ‘Viernes otra vez’. A mi lado se puso de pie una señora que vendía mazorcas, a lo que pensé: “La odio”, le compré una y comimos, Camila y yo estábamos aburridas y sentadas en el pasto así que nos comimos un De Todito, sí… volvimos a comer. El tiempo pasaba y pasaba, a eso de las 5 y media de la tarde el atardecer llenó el cielo de un color hermoso y lo teníamos justo al frente, todos lo admiraban. Edson sacó la cámara y le tomó muchas fotos, yo saqué mi celular e hice lo mismo pues era un regalo que tenía que hacer antes de que se escondiera. A las seis de la tarde le dieron entrada al público, entramos, nos entregaron unas escarapelas y salimos corriendo a hacer la fila, nos quejamos de lo larga que estaba cuando “¿Marica qué hacen acá? Esta es platino, general es al otro lado”. Edson y yo corrimos y cuando por fin logramos entrar, nos sentamos en las gradas justo al frente del escenario donde nada nos impediría ver a Zoé. Esperamos dos horas, hablamos, reímos, bajamos al baño, buscamos una toma de corriente para cargar los celulares que, a propósito, nunca encontramos. 8pm: empieza a tocar Superlitio, nos emocionamos pero no era lo mismo. Edson estaba emocionado cantando todas las canciones mientras Camila y yo gritábamos “¡Canten TE LASTIMÉ!” y así pasó una hora y media más. Llegaron los 15 minutos más largos de mi vida, esos que pasaban justo antes de que saliera León y su banda, yo temblaba, sentía la misma sensación de nervios que siento cuando estoy en alguna obra de teatro, comenzó el ataque de ansiedad, la risa, el miedo, el afán. Las luces se apagaron y salieron, cuando lo vimos no pudimos evitar que una lágrima saliera de nuestros ojos y yo pensaba: Jueputa, qué emoción, estoy muy feliz. Comenzaron a cantar y entonces esas dos horas que siguieron se convirtieron en unas de las más lindas que he vivido hasta ahora, las canciones que cantaban eran del último disco. Las luces eran increíbles, el sonido era perfecto, la voz de Larregui era hermosa, la energía del público era la mejor. De pronto, comenzaron a sonar más canciones viejas, la primera fue “Nada”, los recuerdos me invadieron, me llenaron de nostalgia y terminé llorando y cantando a grito herido. Nosotros nos íbamos emocionando cada vez más porque cantaba las clásicas, las buenas, las que ninguno de los tres esperábamos como “Paula” cuando sacó su guitarra y cantó esa dulce versión acústica, luego cantó la principal del Programatón: Arrullo de estrellas… la banda terminó de cantar, se despidieron y salieron. La gente comenzó a gritar: ¡Olé, olé, olé, olé… Zoé, Zoé! Y los hicimos volver, entró León con un cigarrillo en la mano y una ruana puesta, una bandera de Colombia que decía ZOÉ y estaba muy emocionado, bailaba de una manera muy llevada y nosotras solo decíamos: “Es perfecto, míralo, es divino”. Yo grité: “LEÓN DAME TU LARREGUI”. Cantó otras clásicas: Soñé, Luna, Miel, Labios rotos, Poli y finalizó con una gran canción: Love. Lágrimas de nuevo. Se despidieron y salieron, ninguno decía nada: todos mirábamos hacia el frente, teníamos un dolor de garganta terrible, nos quedamos en shock, yo abracé a mis dos amigos, estaba feliz de haber compartido esa experiencia tan linda y tan única con ellos, definitivamente eran muy buena compañía para cualquier concierto, pensaba que había valido por completo el esfuerzo que hice para comprar la boleta, no me sentía cansada, no tenía hambre, ni sueño, estaba muy feliz. Miré la hora: 11:30pm, sin duda era la hora perfecta para haber terminado de arrullar estrellas.

miércoles, 17 de septiembre de 2014

Ya era tiempo de escribir

En medio de tanta guerra, tanta tristeza, tantos tragos amargos que este país me ha hecho sentir ya era tiempo de escribir... Me quiero liberar de cada dolor que he sentido hasta ahora y lo cierto es que la felicidad ha prevalecido en mis hombros hasta el día de hoy y lo digo estando segura de que permanecerá por mucho tiempo más. La esperanza de que algún día recuperaré a ese amigo que cambió y nunca volverá a ser el de antes me sigue pesando mucho, especialmente en mi hombro derecho, la tensión que siento por él es absurdamente insoportable, la manera en que lo extraño es increíblemente roja... sí, roja: una mezcla entre ira y amor. Pero ese ahora no es el punto importante o al menos en esta entrada tan personal no quiero tocarlo más...Lo más lindo del mundo es que esta esperanza que está medio escondida entre mi espalda y mi pecho me enseña todos los días a confiar, a observar, a entender, a experimentar. ¡Y qué linda experiencia! pues lo mucho que lo extraño me demuestra lo mucho que lo espero. Y la felicidad, aunque él no esté, es permanente. ¡BOOM! Otro descubrimiento: Para aprender a ser feliz con alguien, debes aprender a ser feliz solo. Así la felicidad con otra persona es cuestión de elección, de dulce elección y no de necesidad, PUTA NECESIDAD. Así es la vida, se trata de caer y levantarse... mil veces, pero solo. Aprender a levantarse solo, así como caes solo, te levantas solo, aprendes a caminar solo, mueres solo, amas solo, te tientas solo. Y de eso se trata: De elegir completamente solo. Y si tu elección es ser feliz, lo serás. Luego te darás cuenta que en cada paso que das, mirarás a tu alrededor y elegirás a quién contemplar, qué mano tocar, que boca besar, qué cuerpo abrazar, qué ojos sonreír. Hoy quiero decir GRACIAS. GRACIAS  a la vida porque en el momento preciso me dio la oportunidad de elegir ser feliz, de elegir a la alegría como mi NECESIDAD y de elegir al amor como la compañía eterna y satisfacción, placer, besos, helados y mucho arte. Porque me dio esta bendita adicción a escribir y porque en cada viento que de mi boca sale mientras escribo, se va un suspirito, un suspirito de vida que llega hasta tus ojos y te llena de emoción, contemplación, nostalgia y de amor... mucho, mucho amor.

martes, 10 de junio de 2014

PUTO MIEDO A LA SOLEDAD

Después de varias noches de sueños extraordinarios, decidí escribir otra vez. Han sido noches llenas de melancolía y nostalgia, sonrisas que aparecen después de unas cuantas lágrimas, relojes que se han llenado de reflexión y días de soledad pura y estresante. “No te acostumbres a nada y así nada te hará falta”. TARDE. Me acostumbro a las cosas enormes, tan enormes que no se olvidan y que son invisibles para todos los demás. Lo cierto es que no he logrado acostumbrarme a la soledad, me acostumbro a comer un Piazza de chocolate todos los días, me acostumbro a abrazar a mis amigos cada viernes, me acostumbro a una Poker de vez en cuando, me acostumbro al olor del cigarrillo en mi cabello después de una noche de fiesta, me acostumbro a leer todos los días sin parar... ¿y el tiempo que me queda sola? ¿qué hago? ¿salgo a caminar, me pongo a correr, hago abdominales? El desespero comienza y en vez de hacer cosas que favorecen mi salud mental comienzo a divagar, a soñar, a pensar. Soñar no está mal… el problema es que pasan los días, las semanas, los meses y sigo soñando con lo mismo, la misma situación, la misma ropa, la misma persona, el mismo lugar. Es tal el estrés, que me despierto llorando rogándole al universo que no me permita soñar más. De pronto aparece una lucecita por allá al fondo de mi camino que me ilumina, me llama mucho la atención, me encanta, entonces salgo corriendo, al encontrarla me siento favorecida y decido buscarla todo el tiempo, todas las horas, todos los días. Y me siento extraña cuando ya no está. Pero me encanta tanto, que en menos de nada, ya me da igual que esté ahí o no, dejo de valorarla, de quererla, de encenderla, de desearla. Y la luz comienza a perseguirme, así que vuelvo a rogar al universo que me aleje a esa luz que ahora solo me fastidia, y me dé el bendito regalo de la soledad. Soledad que no sé manejar, no sé controlar, no sé vivir, no sé comprender. Todo por soñar lo mismo desde hace tanto tiempo, por querer lo mismo, por pensar en lo mismo, por anhelar lo mismo, por acostumbrarme a lo mismo, por el temor, por la falta que me hace, por lo mucho que se extraña, por lo mucho que se lee, por lo mucho que se baila, por lo poco que se trabaja, por lo exigente que ahora soy, por lo nuevo que quiero conocer, por la comprensión que se necesita, por las puñaladas en la espalda que me siguen pesando, por las heridas nuevas que aún no han cicatrizado. PUTO MIEDO A LA SOLEDAD. 

Pero no todo es malo, la soledad tenía que traer algo lindo a mi vida, una compañía fiel, ya me acostumbré a ella, es una compañía intermitente que Dios puso en mi camino, que siente lo mismo que yo, que sueña distinto pero su desespero, al igual que el mío, son los pequeños momentos de soledad que son eternos, para esta compañía también he decidido escribir esto, porque le agradezco los golpes que no ha permitido que sean tan fuertes, le agradezco infinitamente la sinceridad de siempre que nadie más ha podido tener conmigo, la comprensión y los buenos deseos y la linda energía que me transmite, las noches que me ha escuchado y las tardes enteras no tan buenas que me ha soportado. 
Porque sí, hemos sido una compañía fiel y risueña, llena de energía universal de luz y armonía, aunque nos hemos acostumbrado a los días llenos de nostalgia, melancolía, decepción y tristeza, de incomprensión, pánico… pero sobre todo de soledad.

miércoles, 23 de abril de 2014

FELICIDAD

FELICIDAD, palabra de 9 letras, en mi vida escrita con mayúsculas. Y en este escrito también. Una gran parte de mi vida, algo más que un sentimiento y un estado emocional. Sentirla, vivirla, pensarla, tenerla, lograrla, regalarla. Felicidad, palabra que en mis fotos, se representa con una gran sonrisa. Felicidad, palabra que en mis amigos la encuentro todos los días, en sus ojos, en su sonrisa, en sus chistes, en sus abrazos. FELICIDAD, palabra que todos los días encuentro en mi balcón, en mi cama, en mi celular o en facebook. Felicidad, palabra de distintos significados para cada uno de ustedes o para mí. Felicidad, sentimiento de gratitud y tranquilidad… es eso: PAZ. Felicidad, eso que tú me haces sentir cuando tocas guitarra. Felicidad, esas mariposas en la panza que siento al verte. Felicidad, encontrada por fin, después de mucho buscarla. Felicidad, obtenida después de mucho esfuerzo y aprendiendo de cada error. Felicidad, sensación de sonreír al abrazar a mi mejor amigo. Felicidad, ganas de besar a la persona tan amada. Felicidad, necesidad de recuperar amistades, amores, pasiones, conversaciones o cervezas. Felicidad, palabra de nueve letras con la que intento recordar momentos, cartas, besos, abrazos, amistades, amor. Felicidad, palabra con la que intento borrar chismes, personas hipócritas, decepciones.
Felicidad, sensación de tranquilidad y paz que siento al escribir esto. Sensación de gratitud a la vida, por regalarme personas como ustedes. Eso es la felicidad, es mi felicidad.

La cosa más loca que me pudo pasar fue eso de querer actuar



Siempre quise ser distinta a los demás, y creo que lo logré. Recuerdo que a los doce años no solía jugar con mis barbies, me encantaba ponerlas en mi habitación solo de adorno, yo jugaba a repetir y repetir cualquier texto que encontrara una y otra vez, desde chiquita siempre jugando a eso: a ser actriz. Solo que el jueguito nada que se acaba, tengo 16 años y aún así es mi juego favorito.

Recuerdo con mucho amor, humildad y un poco de pena, el primer papel que tuve que hacer en una obra de teatro, por mi falta de conocimiento en ese momento. Fue mi primer juego escénico frente a muchas personas que no conocía y quise seguir jugando. A los trece años, no jugaba a tener novio, jugaba a crear muchas coreografías y bailarlas en cualquier parte frente a cualquier persona. A los catorce años, seguía y seguía jugando, no me interesaba ir a los cumpleaños de mis amigos, más me interesaba lograr aprender el abecedario fonético, que me costó muchísimo. A los quince años, pasaron tantas cosas en mi vida, nunca imaginadas pero muy bien recibidas.

El arte definitivamente me ha enseñado que leer un libro, no es lo mismo que sentirlo, escribir una nota no es lo mismo que contar una historia, representar una obra clásica es admirarla, amarla, comprenderla y sostenerla. Me ha enseñado que la poesía no necesariamente tiene que tener rima, y que el poema es el mejor idioma del amor.

Si amas el arte: permitir que entre a tu vida será tu decisión, comprender sus bellas líneas será tu decisión, leer la mirada de la persona que amas sería una gran opción, cantar una canción será un gran alivio, escribir tus sentimientos en una noche de luna se convertirá en una de tus grandes pasiones, entender los mensajes ocultos del cine será tu gran sorpresa, darte cuenta de cómo madura la gente a tu alrededor será tu gran ilusión, admirar a un gran pintor será tu alucinación, la caricatura será tu gran adoración, ver cigarrillos será tu maldición, y sobre todo, comenzar a ver el mundo con otra mirada pero con los mismos ojos será por siempre tu bendición.

Lo que más amo de eso de actuar, es que no solo me llena de completa felicidad y muchas otras emociones, sino que consigo trajo personajes inolvidables, momentos inigualables, personas irremplazables, pulseras baratas. Me llenó de libros de amor, historias mágicas, canciones perfectas, sueños que nunca imaginarías, personas indeseables, amores no esperados pero aún comprendidos y anhelados, sonrisas bellas, lágrimas horrendas. Y finalmente, lo más importante me regaló lazos fuertes y amistades perfectas y concretas.

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Lo que abril se llevó...

Sin duda abril no es un mes cualquiera, es distinto a los demás. Abril me quitó a mi persona favorita en todo el mundo, y hoy, casi dos años después se lleva a Gabriel García Márquez, el genio colombiano, el más duro, el más teso, el más "pepa". El creador del realismo mágico, ese que nos llevó a conocer el dulce sabor de escribir, leer, gozar, interpretar, transmitir, comunicar, aprender. Muchos, le debemos a él estudiar Periodismo, Literatura, Arte y muchas otras cosas más. Ese escritor que se ganó el Nobel, el favorito de mi papá, su mismo apellido, su mismo amor al arte y que se parece mucho a él.
Yo, a "Gabo" le debo el hecho de seguir pensando que el periodismo sí es la mejor profesión del mundo aunque me enloquezca hacerlo. Su manera de escribir era tan mágica que un día muy inesperado creó en mí el gozo de abrir un libro cuando estaba pensando en estudiar actuación hace mucho tiempo y quedarme idiotizada leyéndolo, dándome cuenta que su primer fragmento me atrapó:
"Antes del tercer llamado, aún con el telón bajo y encendidas las luces de la sala, se oye en el fondo del escenario el estropicio de una vajilla que está siendo despedazada contra el suelo. No es una destrucción caótica, sino más bien sistemática y en cierto modo jubilosa, pero no hay duda de que el motivo es una rabio inconsolable. Al terminar los estragos se alza el telón en el escenario oscuro".
Gracias por generar en mí tantas emociones, por enseñarme cómo escribir teatro, por crear en mi mente imágenes claras sobre un escenario, por describir el periodismo de la manera más clara y perfecta. Por llevarme a conocer el realismo mágico del que tanto hablaban mi papá y mi hermana. Gracias porque nunca me aburrí al leer un libro suyo (aunque confieso que no los he leído todos), gracias por ser colombiano, por ser de Aracataca, por ser costeño.
Gracias infinitas no por morir, sino por RENACER Y PERMANECER A TRAVÉS DE SUS MÁGICAS LETRAS.

De La Veritá entre otras adicciones

En el reciente marco del XIV Festival Iberoamericano de Teatro tuve la grandiosa oportunidad de asistir al teatro Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá para ver uno de los mejores espectáculos que he podido presenciar hasta ahora: La veritá. Un show surrealista en el que todo puede ocurrir y cuyo personaje principal es un telón pintado por mi artista ídolo: Salvador Dalí.
Cuando me enteré de que esta obra que viene de un gripo de Suiza, estaría en Colombia, no dudé ni un momento en asistir. Me preocupé desde el principio por ahorrar lo que más pudiera, aunque al final mi papá me completó para la boleta, y le mandé a mi mejor amigo el trailer para que fuera conmigo. Creo que jodí, jodí y jodí tanto con el tema que tenía cansado a más de uno de mis amigos, pero al final todo valió la pena. Compré las boletas con él muchos días antes para asegurarnos de conseguir muy buenos lugares. La función sería el sábado 19 de abril a las 8:30pm.
La emoción que tuve todas las semanas antes a ese día no fueron nada en comparación con la cantidad de emociones que este espectáculo me hizo sentir. Es muy complicado que un artista tenga el poder absoluto sobre las emociones del público, y hoy mis emociones estuvieron en una bola de cristal sobre sus manos y a vista de todos los que estaban sentados a mi alrededor. El show comenzó y me iba llenando, poco a poco iba comprendiendo el trasfondo de cada escena. Todas fueron representadas de una manera muy surrealista, unos artistas impecables que a través de la acrobacia, telas, un violín, un piano, malabares, máscaras, comedia, vestuario, un toro, cabezas de rinocerontes, aros, patines, entre otros; lograron llenarme de nostalgia, alegría, compasión, tristeza, emoción, miedo y VERDAD. No puedo explicar lo que sentí al ver a más de cuatro personajes sobre el escenario siendo Salvador, cada uno a su manera.
Poco a poco, mientras cada escena pasaba iba entendiendo qué significaba cada una de ellas, que querían transmitir, qué me querían mostrar. A medida que avanzaba, estaba mucho más metida en un mundo de hormigas y de lluvia que trataba de comprender desde la perspectiva de Dalí mientras veía cómo bajaba el telón una y otra vez. La verdad, al principio solo pensaba en dos cosas: la primera, no podía creer que estaba a pocos metros de una grandiosa obra de arte que había realizado uno de mis grandes ídolos; y la segunda un hombre alto, de cabello rubio y ojos claros que me enamoró cuando entraba al teatro y me di cuenta que era uno de los protagonistas del show. Eso me enamoró aún más. Cada artista mostró su propia manera de ser en aquel mundo extraño, en el que muchas veces nadie entendía nada, pero en el que La veritá era absolutamente única y distinta.  Tal fue la emoción, el agradecimiento y la pasión que el público  sintió que mi mejor amigo y yo fuimos los primeros en levantarnos a aplaudir, y fuimos los últimos en salir porque nos quedamos con 20 personas más tomando fotografías y analizando el telón. Quedamos en shock, solamente teníamos una sonrisa inexplicable en la cara y muchas preguntas más en la cabeza.
Hoy, este espectáculo se merece más que mil aplausos, se merece ser reconocido mundialmente como una obra hecha para Salvador Dalí, para sus miedos, sus pinturas, sus amores, sus tristezas, sus gozos, sus alegrías, sus talentos... porque para mí, La veritá es única, inigualable, es mía, es una nueva adicción igual que los caramelos de menta.


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